Sorprende.
Terrence Malick ha dejado de creer en la Humanidad, en nuestra capacidad de redención y perdón. En lugar de eso, se mueve alrededor de nosotros y filma. Solo filma.
El resultado es la película más dura de su filmografía, una historia donde ya no son las circunstancias las que nos alejan del ser querido, solo somos nosotros.
