Una puertecita tras
un archivador que conduce a la mente de John Malkovich.
Como si de Shakespeare se tratara, la intrusión de un elemento puramente fantástico en una realidad casi absurda hace cuestionar las pequeñas cosas.
En un juego de identidades de repuesto y de marionetas controladas por sus amos, Spike Jonze analiza nuestro miedo a cambiar, pero sin dejar de desear ser otra persona. La irracionalidad hecha cine, eso intenta capturar.
Como si de Shakespeare se tratara, la intrusión de un elemento puramente fantástico en una realidad casi absurda hace cuestionar las pequeñas cosas.
En un juego de identidades de repuesto y de marionetas controladas por sus amos, Spike Jonze analiza nuestro miedo a cambiar, pero sin dejar de desear ser otra persona. La irracionalidad hecha cine, eso intenta capturar.
No es casualidad que su protagonista sea un titiritero, ese siempre
agradecido John Cusack haciendo de Craig, un parado sin ambiciones ni ilusión,
porque carece de los incentivos para hacer nada más con su vida. En un mundo
donde celebridades financian películas con su nombre, ¿a quien le apetece
luchar para ver su nombre en las portadas?
