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miércoles, 28 de junio de 2017
Okja (2017), de Bong Joon-ho
'Okja' tiene un corazón tan blanco y almibarado que, si hubiera prescindido de sus aspectos más oscuros y desagradables, estaríamos hablando de una digna heredera de aquellas películas de "animalito con niño" que tan populares fueron en los 80.
Claro que Netflix ha sido más lista que eso y, en lugar de explotar una nostalgia por aventuras de antaño, utiliza esa misma nostalgia para hablar de problemas muy reales y actuales, libres de que esta historia tenga que encajar a la fuerza en un público de cartelera veraniega.
martes, 26 de enero de 2016
La Juventud (2015), de Paolo Sorrentino
Una impresión, sincera y sin adulterar, perteneciente a un momento, que atesoramos con la esperanza de volverla a reproducir. El sentimiento se vive, se guarda y, finalmente, se sueña.
Después, ese sentimiento formará parte de nuestra memoria, y uno se pregunta si ese será su destino final, o por el contrario permanece para que lo reconozcamos una segunda vez.
'La Juventud' es un testimonio, una impresión.
Es una colección de vivencias en busca de sentido, también es una serie de cambios a la espera de realizarse. Es todo, y a la vez no deja de ser la nada. Tan pronto se detiene en cada detalle como permite sentir cada pequeño ruido que nos rodea.
Podría ser una serie de personas, no importa jóvenes o viejos, buscando aferrarse al recuerdo de un sentimiento ya olvidado. O quizá un muestrario de seres decadentes, que buscan un final satisfactorio para sus largas historias, imposibles de retener en la memoria.
martes, 31 de diciembre de 2013
12 Años de Esclavitud (2013), de Steve Mcqueen
Existe en '12 Años
de Esclavitud' una crueldad espiritual que atenta contra nuestra propia moral
actual.
Hemos sido criados en una sociedad de héroes que, cuando son golpeados, golpean diez veces más fuerte física o emocionalmente.
Por ello, no es de extrañar que la actitud que muestre Steve Mcqueen aquí sea la de mero narrador, más que esteta, y decida dar voz propia a algo tan ajeno socialmente, y a la vez tan cercano íntimamente, como la vergüenza, la sumisión o el callarse cuando toque.
Hemos sido criados en una sociedad de héroes que, cuando son golpeados, golpean diez veces más fuerte física o emocionalmente.
Por ello, no es de extrañar que la actitud que muestre Steve Mcqueen aquí sea la de mero narrador, más que esteta, y decida dar voz propia a algo tan ajeno socialmente, y a la vez tan cercano íntimamente, como la vergüenza, la sumisión o el callarse cuando toque.
Solomon Northup no es un héroe, ni siquiera es un reconocido miembro de
su sociedad. Solo alguien querido y que quiere, el hombre normal que guarda el
pan para mañana y la sonrisa para hoy.
Mcqueen decide centrar su incisiva mirada en él, porque sabe que podemos verle a nuestro lado, hablando amigablemente con nosotros, saludándonos felizmente por la calle. No lo veo tanto como una herramienta de lágrima (oh, pobre él, que no se lo merecía) sino como una técnica de acercamiento: con su vida hogareña y relativamente acomodada, la calidez de Northup salva la distancia histórica de siglos que podrían convertir esto en una impresión semi-olvidada de otros tiempos.
Mcqueen decide centrar su incisiva mirada en él, porque sabe que podemos verle a nuestro lado, hablando amigablemente con nosotros, saludándonos felizmente por la calle. No lo veo tanto como una herramienta de lágrima (oh, pobre él, que no se lo merecía) sino como una técnica de acercamiento: con su vida hogareña y relativamente acomodada, la calidez de Northup salva la distancia histórica de siglos que podrían convertir esto en una impresión semi-olvidada de otros tiempos.
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viernes, 18 de octubre de 2013
'Prisioneros' (2013), de Denis Villeneuve
'Prisioneros' se abre con uno de los inicios más potentes, y la vez más elocuentes, en años.
Un hombre, Keller Dover, pronuncia un padrenuestro en un paisaje nevado, mientras acecha con su hijo un ciervo al que acaba disparando. Solo el espectador es consciente de la paradoja: de igual manera que Dios nos libra de la tentación, del mal, nos da nuestro pan de cada día... no protegió a ese ciervo de la muerte. ¿Era menos ser vivo que nosotros?
Un hombre, Keller Dover, pronuncia un padrenuestro en un paisaje nevado, mientras acecha con su hijo un ciervo al que acaba disparando. Solo el espectador es consciente de la paradoja: de igual manera que Dios nos libra de la tentación, del mal, nos da nuestro pan de cada día... no protegió a ese ciervo de la muerte. ¿Era menos ser vivo que nosotros?
Es solo uno de los pequeños apuntes sobre nuestra perversidad que establece la historia, estructurada alrededor de una desaparición y las consecuencias que va acarreando en su entorno.
No nos damos cuenta, pero la desconfianza, el odio, se van instalando en las vidas de los antiguamente apacibles habitantes de un pequeño pueblo rural de Norteamérica (esas sociedades cerradas, que guardan más secretos de los que dejan ver...).
No nos damos cuenta, pero la desconfianza, el odio, se van instalando en las vidas de los antiguamente apacibles habitantes de un pequeño pueblo rural de Norteamérica (esas sociedades cerradas, que guardan más secretos de los que dejan ver...).
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