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viernes, 19 de mayo de 2017
Goodbye Berlin (2016), de Fatih Akin
Las sensaciones más inesperadas se pueden encontrar de las formas más raras.
Sobre todo en la adolescencia, ese erial de certeza, cuando ansiamos lo inmediato y atractivo, sin pararnos a pensar nunca en su verdadero valor.
Dejándonos antes conquistar por una emoción sencilla, que en esa época lo parece todo, que por profundizar en cualquier otra cosa.
Así le sucede a Maik en su instituto, cautivado por su compañera Tatiana, con la simple esperanza de que ella le quiera invitar a su fiesta que anuncia el comienzo de las vacaciones.
Tiene poco tiempo y atención para su nuevo compañero de pupitre Tschick, pues ya desde el principio ha sido juzgado por su aspecto, por sus maneras, y no merece que gaste en él ni un solo minuto de los que dedica a hacer un dibujo de Tatiana, para resaltar que se lo ha currado, que la quiere aún a pesar de que para ella es invisible.
Los días avanzan embargados en ese esfuerzo, entre padres ausentes e intentos por destacar, fructificados en una chula chaqueta con dibujo de dragón que parece su cura contra la invisibilidad. Y entonces llega el verano... con la promesa de ser solo un paréntesis para curar la decepción de no ser invitado.
sábado, 22 de octubre de 2016
Un Monstruo viene a Verme (2016), de Juan Antonio Bayona
La figura de una conciencia infantil no es tan extraña como pudiera parecer.
Al fin y al cabo, ¿qué sería de un niño si no pudiera contar con un amigo inseparable con el que compartir miserias y alegrías?
Y si además puede estar ahí incondicionalmente, de la manera en que los adultos no van a estar, mejor que mejor.
'Un Monstruo viene a Verme' es esa clase de historia, salvo por una pequeña cosa: la conciencia infantil que podría tomar forma amable es un horripilante monstruo de varios pisos de alto, compuesto de ramas nudosas y ojos que parecen carbones al rojo. La conciencia apropiada para un joven, Connor O'Malley, que como dice el propio narrador, es "demasiado mayor para ser un niño, demasiado pequeño para ser un hombre".
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lunes, 27 de mayo de 2013
La Última Noche (2002), de Spike Lee
"Enfrentemos nuestros pecados." Parece decir Monty Brogan, ese sensacional Edward Norton, en sus últimas horas antes de la cárcel, un mundo que no entiende ni quiere conocer.
Lo que a primera vista puede parecer una manera ejemplar de aceptar las consecuencias de tus actos, pronto se revela pura fachada: Monty llora y patalea, tras esa coraza de hombre hecho a si mismo se encierra un chiquillo asustado.
Un niño que va a perder sus juguetes y se ha dado cuenta demasiado tarde de lo que significa estar en un mundo de adultos.
'La Última Noche' es la historia de una pérdida de inocencia.
Pero no de la típica que asalta entre el mundo infantil y la madurez, sino la propia que más tarde o más temprano nos sobreviene a todos en forma de puñaladas traperas. Cuanto más crees tener estabilizada tu vida, más fácil es que te den el hachazo y te obliguen a dejarla atrás.
El precio a pagar por Monty es simple, es el de su propia estupidez, solo que esta vez no está detrás la mano buena de un padre o un amigo que te saque del apuro. Esta vez, has mosqueado al Sistema, con mayúsculas, y debes pagar.
Pero no de la típica que asalta entre el mundo infantil y la madurez, sino la propia que más tarde o más temprano nos sobreviene a todos en forma de puñaladas traperas. Cuanto más crees tener estabilizada tu vida, más fácil es que te den el hachazo y te obliguen a dejarla atrás.
El precio a pagar por Monty es simple, es el de su propia estupidez, solo que esta vez no está detrás la mano buena de un padre o un amigo que te saque del apuro. Esta vez, has mosqueado al Sistema, con mayúsculas, y debes pagar.
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domingo, 12 de mayo de 2013
Stoker (2013), de Park-Chan Wook
¿Naces... o te haces?
La pregunta que plantea 'Stoker' es demasiado sencilla. Pero dentro, encierra múltiples matices, desacordes y experiencias.
La pregunta que plantea 'Stoker' es demasiado sencilla. Pero dentro, encierra múltiples matices, desacordes y experiencias.
Park Chan-Wook lo sabe y por eso opta en convertir la película en la experiencia sensitiva más brutal que el cine ha visto en, me atrevo a decir, años. Nunca con tan simples cimientos se pudo construir algo tan perturbador y fascinante.
La tranquilidad está en la vena de toda la película, la cual no tiene prisa ninguna por mostrar sus cartas. Se regodea ella misma con la palpable incomodidad de los personajes, atenta sin embargo a cualquier explosión de mezquindad que se asome a la pantalla.
La tranquilidad está en la vena de toda la película, la cual no tiene prisa ninguna por mostrar sus cartas. Se regodea ella misma con la palpable incomodidad de los personajes, atenta sin embargo a cualquier explosión de mezquindad que se asome a la pantalla.
miércoles, 17 de abril de 2013
Amor y Letras (2012), de Josh Radnor
Llega un punto en que ya a todas estas películas indie de la "coming-of-age" se les ve el plumero, por mucho que se esfuercen en innovar o dar vueltas sobre lo mismo. Por eso, se agradece que Josh Radnor:
a) Parezca hablar más desde su propia experiencia que desde su propia imaginación.
b) No oculte sus deficiencias como director y consciente de ellas, tampoco se haga el "autor".
Sinceridad y humildad, las mejores armas para presentar cualquier historia.
El caso es que la propuesta de 'Amor y Letras' (me gusta más el más sugestivo 'Artes Liberales', pero bueno) no es poco ambiciosa: nada más que un retrato generacional acerca de nuestra propia madurez, vista en diferentes personajes y de diferentes actitudes.
Lo que podría haber sido algo demasiado rígido, Radnor lo destensa cuidando que cada uno de sus personajes sea querible y humano, a la vez que dejando cierto espacio para que la trama respire por su cuenta. Un film "en" la universidad, que no "de" la universidad, esa cantera de futuros triunfos y fracasos.
Lo que podría haber sido algo demasiado rígido, Radnor lo destensa cuidando que cada uno de sus personajes sea querible y humano, a la vez que dejando cierto espacio para que la trama respire por su cuenta. Un film "en" la universidad, que no "de" la universidad, esa cantera de futuros triunfos y fracasos.
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